Alimentos
funcionales.
Los
alimentos funcionales son aquellos químicamente modificados para incluir
beneficios de salud más allá de lo que ofrece el alimento de por sí. Un buen
ejemplo son las margarinas que reducen el colesterol. En estos productos, el estanol
vegetal y los ésteres de estanol, que químicamente son similares al colesterol,
"engañan” al organismo para que elimine el exceso de colesterol.
Suplementos.
Si bien
algunos suplementos pueden ser útiles, aún existen varios problemas sin
resolver. En primer lugar, no están regulados, por lo que los fabricantes no
tienen que comprobar que sanos o efectivos, y no hay estándares de fabricación.
Además, gran parte de la investigación que sustenta la efectividad de los
suplementos ha evaluado, no el efecto del suplemento, sino las dietas o
alimentos ricos en vitamina C o E, por ejemplo. La investigación más reciente
ha demostrado que destilar estos elementos y colocarlos en la forma de un
comprimido con frecuencia no tiene los mismos beneficios para la salud. "Lo más
importante es informar al médico qué suplementos está tomando”, dice la Dra. Sharonne
N. Hayes, fundadora de la Clínica Cardíaca para Mujeres en la Clínica Mayo de
Rochester, . Algunos suplementos interfieren con los medicamentos para el
corazón, como los anticoagulantes, y los vuelven menos efectivos.
Control de porciones.
"No se
intimide ante la recomendación de comer entre 5 y 10 porciones de frutas o
verduras al día", dice Hayes. Una porción de vegetales es media taza, o el
tamaño de una pelota de tenis, mientras que el tamaño de una porción de carne
es 3 onzas, o el tamaño de un mazo de cartas.
No
"desperdicie” las calorías.
"En
ocasiones está bien darse un gusto", dice Hayes, admitiendo una
preferencia personal por la torta de queso. "Pero si voy a comer torta de
queso, mejor que sea buena", dice. "Si prueba una galleta y no le
agrada, simplemente déjela. No desperdicie esas calorías en algo que no sea
realmente placentero".